Mostrando entradas con la etiqueta Disney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Disney. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de marzo de 2009

Nunca llueve a gusto de todos...


La sirenita tenía un amigo que era un pez y otro que era un cangrejo ermitaño. Claro que con el tiempo nadie sabía si era un cangrejo o una langosta. Y el cangrejo, que parecía muy sabio le decía a la sirenita que no se dejara engañar. La sirenita, la pobre, estaba hecha un lío, por una parte aquel humano tan apolíneo, por otra parte si se quedaba afónica por el resto de sus días y encima solo le faltaba el muy tritón de su padre, que no la dejaba ni a sol ni a sombra, bueno sol, lo que se dice sol, no es que tuvieran mucho por aquellas profundidades pero el caso es que la sirenita estaba decidida a compartir su vida con aquel humano. Quien más, quien menos sabe como termina la historia porque nos la han colado hasta en la sopa y aunque finalmente el amor triunfa como en todos los disneyfilms y los malos dejan de serlo porque desaparecen entre tinieblas, profundidades o rocas, el cuento deja un poco de sabor agridulce porque que será ahora del tritoncito que le gustaba a la sirenita, o del pez, o del cangrejo, o, o, o,. nunca llueve a gusto de todos...





sábado, 7 de marzo de 2009

Cuentos Orientales

Quién no ha oído hablar del famoso cuento oriental, donde los haya, "Alí Babá y los cuarenta ladrones" que muy bien podría transportarse con la alfombra mágica de Aladino a nuestros días y en su versión más moderna y surrealista: "Quemala Baba y los cuarenta ministros" en los que lo oriental se vuelve occidental con unas pinceladas de globalización y centralismo. Para qué la princesa Sherezadde necesitaba mil y una noches si para hacer lo que hacía con una le hubiera bastado. Eso que se lo digan al "Athleti" que ese sí que ha necesitado tiempo para llegar a una final copera. Y Aladino que se fiaba de todo el mundo y así le fue, mal al principio pero parece ser que al final mejor, según Disney, el que todo lo amaña, y bastante peor según rezan las literaturas del siglo IX. Parece que fue transportado con una alfombra mágica y llegó a nuestros días justo a Bagdad cuando un energúmeno se divertía de lo lindo tirando bombitas a la ciudad. En fin, que ni el pobre Simbad ha tenido suerte, el pobre que estuvo a punto de que se le comiera una ballena también viajó a nuestros días y quedó horrorizado; ya no le podría tragar jamás una ballena. El hombre las había matado todas y la especie se había extinguido. Vivir para ver...