
Esta noche abriré el primer baul. Iré metiendo los ratos de mal humor, mis aciertos, mis logros, mis horas de sueño, dejaré alguna porque tengo que dormir también. Mis idas y venidas de Bilbao a Bermeo, mis momentos de insatisfacción, mis dudas, mis viajes a ninguna parte, que son los más baratos, lo dulce de una canción a media luz. Todo debidamente bien puesto, bien clasificado, listo para la próxima vez que vuelva a abrirlo. Sabré exactamente que contiene, sabré qué puedo esperar encontrarme. Sólo dejaré fuera las ganas de vivir, de reir con los demás, un libro de office, un instrumento musical como la guitarra que tanto me gusta y me apasiona., un largo camino por delante, para llegar a la meta cada día. Un trozo de sobre sin remite, un querer y un poder. Quien sabe lo que tardaré en volver a abrir el baul. Quien sabe que voy a encontrar en él la próxima vez que lo abra. Un baul que pesa pero no ahoga, un baul que sabe que tarde o temprano volveré a recoger su contenido. El baul de la vida, el baul que enamora. Si alguien lee este artículo que cargue con sus baules que a mi bien me cuesta cargar con los mios...