jueves, 18 de junio de 2009

Adiós con el corazón...


Así dice una tonada popular que denota una despedida con cariño y ternura. Ahora, todavía en tierras peruanas, escribo el final de este maravilloso y excepcional viaje. No quiero que nada se me quede en el tintero, diría la vieja expresión de cuando todavía se escribía con plumilla. Así, pues, paso a despedirme de lo que en unos días he gozado y me ha llenado de una alegría intensa. Digo adiós a la Catedral, al Arco Ovalado, a las estatuas de Grau y Bolognesi. A los taxis que casi me pillan, a los taxis que son de fiar y los que no lo son tanto. A los locutorios, cambistas, farmacias, boticas, restaurantes y otros comercios. A la Iglesia de San Martín de Porres, a todos los miembros de esa comunidad tan activa, a la pareja de acogida y a la Sargento Spielberg. A los mercadillos y centros comerciales. Al salón dorado del Casino Militar. A los tacneños y sobre todo a toda la familia Salazar, Mario, Olguita, Paty, Gabrielito, Carla, Giovannita, Carmen, Isabel Mony, y a toda su familia venida de lejos, a la madre de Olguita,y a la madre de Mario, a la abuelita como la llamo yo, Gracias por todo lo que nos habéis dado y enseñado. A Guido y a Lina, su cielito, a Claudia y a toda la familia de Arequipa y de Puno. A todas las buenas personas con las que hemos convivido y sobre todo a Carla e Ignasi protagonistas especiales de todo este laberinto que diría la abuelita, pero que han sabido hacer de nuestras familias una sola. Gracias a todos por habernos dejado entrar en vuestra casa llena de paz y un hasta siempre para todos los tacneños de hermoso corazón.

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