
El calor ha hecho su entrada y parece que se ha quedado entre nosotros. El tiempo está de lo más revuelto y nunca se sabe que es lo que va a hacer. En este pueblo por nada se planta una tormenta y se joroban los televisores y ordenadores. Gracias a Dios no es mi caso, y que siga así, pero es que da miedo pensar que a algunos vecinos de mi calle ya les ha pasado y menuda poca gracia que hace. La vida es dura, diría alguien por ahí y quizá tenga razón. El volver a la rutina también es duro pero quizá necesario para que nuestro organismo se aposente y sepa en todo momento donde se encuentra. No es fácil pensar que el cuerpo se ha tenido que habituar a un cambio de horas increíble y eso no es lo peor, lo peor es que cuando ya empezaba a habituarse ha tenido que cambiar otra vez el chip y volver a las comidas a las tres, y las cenas a las diez de la noche y así sucesivamente, día tras día, noche tras noche, sabiendo que después de un mes viene otro y después del 2009 el 2010 y claro eso al final pasa factura; la factura del aburrimiento, del siempre estar haciendo lo mismo, decir lo mismo para acabar dando vueltas sobre lo mismo y pensar siempre lo mismo. Suerte que las "pequeñas cosas" que cantaba Joan Manel, Serrat para los amigos, hacen que nuevos alicientes surjan entre tanta rutina y aprendamos así a amar la vida que por eso Dios y nuestra madre nos la han dado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario